viernes, 28 de marzo de 2014

Tus "nunca más" hacían de mi Roma una ruina.


Grande o pequeño, siempre tenía un pensamiento de ti entre mi estómago y mis pulmones.

Te pedía que vinieras, una y otra vez, que me dieras la sorpresa de mi vida preguntando siquiera si me va bien, <<Eh Carlos, ¿qué es de tu caos?>> pero siempre te han dado miedo las tormentas. Lo entiendo. Lo vuelvo a aceptar, es de madrugada. 

No sé que escribo, pero si lo que quiero escribir. Algo así me pasaba contigo. Te sentía la cocaína que nunca he probado y mi vicio de los ratos libres.

Joder, que destrozas el poco arte que tengo y quemas el resto. Lo incendias para que se esfume con la corriente de aire que también quiere hacerme a mí volar. 
Y vuelo, y vuelo para caer en ti. En tus vicios de verano, cuando siempre me ha gustado más octubre (es más poético). En tus inviernos con flores que no caen, pero que están muertas. Muertas como mis ganas de ser yo sin un tú, o como mis ganas de querer pisar el agua sin sentir su profundidad. Hay gritos en cada uno de los silencios que siempre ha habido entre nosotros. Gritos de incomprensión que luchan entre ellos pero que nunca vencen. Esta guerra sólo puede ganarla eso que tú y yo nunca tendremos: cordura. 
Porque odio que me gustes más que la música de Damien Rice, y odio que me hagas cosquillas para picarme después. Porque me picas, así que ráscame. 
Porque en los pasillos de mi vida hay muchos demonios que no se van, y un único ángel.


(Y tú estornudas un momento porque alguien se ha acordado de ti. 
Me pregunto quién será.)

domingo, 16 de marzo de 2014

—¿Por qué?

¿Qué por qué?
Como respuesta sólo puedo decir que no lo sé. Que no tengo ni idea de lo que quiero, de lo que soy y de lo que quiero ser, ¿por qué estáis siempre todos con lo mismo? que nunca he conocido a alguien tan poco virtuoso y con tanto que decir como yo. Que seré diferente, pero estoy convencido de que mi vida, mi futuro, mis ganas no están escritas en ningún sitio. Simplemente, dejo que surja. Que venga, sin más. Intento que el propio momento tiemble al sentirse, que mi cabeza no se espere mis respuestas, ni mis reacciones. Que el instinto extinguido, el animal, se sienta orgulloso. ¿Qué más da si yo no juego a tu juego? ¿Qué te importa si prefiero quedarme leyendo la novela que me he comprado esta semana y no salgo a las aglomeraciones que sacan lo peor de mí? ¿Qué más da si desafío al amor? También debería escribirse sobre el no necesitar que alguien se acuerde de que no estás bien, también se debería hacer poesía sobre el no amor, o sobre cualquier cosa que me recuerde que actúo bien, después de todo.
Creo que a veces sólo he nacido para decirle a la lluvia que también es preciosa y que no se acompleje por el sol. Otras siento que he nacido para incendiar ese mismo sol y quemarme con él. Pero la mayoría de las veces siento que he nacido para ser yo, adaptarme y aún así dejarme llevar.
Sentir que no es suficiente, pero que a pesar de todo, me sobre.

sábado, 15 de marzo de 2014

Je t'aime.

Si nos dieran un euro por cada vez que podemos afirmar que estamos viviendo, por cada vez que estamos a la altura de las circunstancias, por cada momento que pasamos sin saber que en realidad está pasando seríamos pobres. Y no sé, supongo que tenemos poco de eso cuando el mundo, la sociedad en sí, no te deja vivir. Estrés, estrés, estrés durante todo el año, cursos que acabar, exámenes que aprobar, trabajos para ayer, horarios inflexibles e inacabables que afrontar día sí y día también. 
Por eso, deberíamos disfrutar de las pequeñas o grandes cosas que con esfuerzo conseguimos que vayan adelante.
Y por eso os hablaré de un trozo de mi existencia, o de París, una ciudad que me cautivó ya cuando tenía cinco años, y dejé por primera vez las fronteras de este país para llegar a la maravilla parisina. Es cierto que tan pequeño, tan inexperto y tan "papá, no quiero andar más" uno no aprecia lo que tiene delante, por muy impresionante que sea. Gajes de la infancia. De pequeños valoramos otro tipo de cosas, cosas importantes que perdemos de adultos. 
Mi suerte fue poder volver a pisar sus aceras llenas de historia el verano pasado. Después de un no tan corto y si bastante intenso viaje recorriendo distintas ciudades europeas volví a ver a mi vieja amiga, la cual seguía igual de preciosa pero había cambiado demasiado a mis ojos. 
Antiguas calles de piedra que atraviesan Montmartre, árboles desnudos y el arte en la brisa. Pintores, artistas callejeros, talento escondido en cada poeta que escribe sobre el amor y la soberbia en la cafetería de la esquina, y que tiene descuento los martes, por puro marketing. Escalones desesperantes con un "ha merecido la pena" al final. Grandes construcciones únicas que multiplican su valor por cada mirada que reciben. Miradores por las nubes que orgullosos te muestran la totalidad de la octava maravilla del mundo, la cual se baña en niebla y en tormentas nocturnas. El calor de la tarde, el frío de la mañana, el café caro de estancias cercanas a la Torre Eiffel y el queso por profesión de cientos de personas. Los secretos y promesas que se esconden en cada candado de Pont des Arts. Las gárgolas que ocultan al jorobado en Notre Dame. El capítalismo y grandes negocios de La Défense. Historias estudiadas en la Place de la Bastille. Las canciones compuestas y los libros de segunda mano del Barrio Latino. Las fotos a las orillas del río Sena y el agobio que supone ver todo lo que te puede ofrecer.
Gracias, gracias y gracias por existir París. Te declaré amor y te prometí volver a pisarte. Volver a estar tan cerca del arte como estuve no hace mucho, como estaré dentro de poco.

PD: milésimas de segundo en el carrete digital; 










sábado, 22 de febrero de 2014

Te dije que eres la enormidad que me da miedo.

Te dije que la norma te obligaba a no mirarme a los ojos después de que lo hiciera yo
pero nunca se te dio bien cumplir mis palabras, cuando podías cumplir mis deseos

Te dije que no quería nada perfecto, y que te fueras a hacer feliz a quién lo mereciera
pero te limitaste a sonreír y a maldecir a mi maldita cabeza que te trae la mala vida

Te dije que me abrazabas la respiración cuando rozabas mis hombros y mi cuello 
pero eres la electricidad que mi espalda nunca quiere dejar de sufrir

Te dije que eras excepción que confirmaba mis "yo nunca"
pero tú  me recordabas que la palabra "siempre" es un sí que no acaba

Te dije que superabas a la música, a la jodida única cosa del mundo que me mantenía
pero tú me ponías 'Flume' y después me dedicabas mi primera canción de The Smith

Te dije que siempre nos quedaría París, que era una bonita ciudad para incendiar
pero tú querías ahogarte en ella, como en un océano donde no es bien recibido el fuego

Te dije que eras como Nirvana, y que me quitabas la cordura de los viernes
pero tú venías el domingo y aún así tenía ganas de ti los lunes

Te dije que mi cama tenía la condición de ver todas las películas que quepan en una luna
pero tú aceptabas sin rechistar, si el precio era follar al primer sol

Te dije que estaba completa y absolutamente enamorado de ti
pero tú me dijiste que estabas enamorada de todo lo que yo no dejaba ver.

jueves, 6 de febrero de 2014

Dos y cincuenta y ocho de la madrugada del viernes.

Cerrar los ojos lo suficientemente fuerte para no hacerse daño, y soñar lo suficientemente bajo para que nadie pueda oírlo. Vidas retratadas que admirar. Halagos que no creer, errores que hacer tuyos. Momentos que necesitas olvidar. Recordar que dolía. Querer el don del tierra-trágame, y sentirte más pájaro que persona.
Pájaro que vuela para perderse, para no pertenecer. Para formar parte de un cielo que no existe, que se avergüenza a las putas siete y ventitrés de la tarde, y que muestra la verdadera realidad, lo oscuro, la nada.
Ser la catástrofe personificada, y no buscarle importancia. Ser pesado sin hablar. Ser alto sin crecer. Decirle a tu alma que la quieres, y que odies el resto. Jugar a no llorar por las noches, autoregalándote chocolate con cada victoria. Evitar la batalla que nunca vas a ganar. Huir de lo que te haga sentir vivo, para no morir después de que eso acabe. Escribir con los ojos cerrados, escupiendo palabras (como ahora), buscando no buscar, encontrando nada, y recogiendo lo que no he sembrado. 
Admirar el arte, y no tener nada de él en sangre. Ser el plato roto de la vajilla que esculpieron una vez, cuando todo era diferente. Ser algo distinto, y algo curioso, igual que el resto.
Sentir que estás en un presente que no te pertenece, entenderlo al pensar en tu pasado, y no plantearse un futuro por miedo a que sea el futuro el que la tome contigo. Ser un puto anormal, y agachar la cabeza al hablar.
Gritar que quieres un lugar en el mundo y que te conteste tu propio eco, diciéndote que eso no es para ti, que es para otras personas. 
Y luchar por conseguirlo. Y luchar. Y luchar.
¿Para qué?
Ni lo sé aún.
smoking guns.