sábado, 22 de febrero de 2014

Te dije que eres la enormidad que me da miedo.

Te dije que la norma te obligaba a no mirarme a los ojos después de que lo hiciera yo
pero nunca se te dio bien cumplir mis palabras, cuando podías cumplir mis deseos

Te dije que no quería nada perfecto, y que te fueras a hacer feliz a quién lo mereciera
pero te limitaste a sonreír y a maldecir a mi maldita cabeza que te trae la mala vida

Te dije que me abrazabas la respiración cuando rozabas mis hombros y mi cuello 
pero eres la electricidad que mi espalda nunca quiere dejar de sufrir

Te dije que eras excepción que confirmaba mis "yo nunca"
pero tú  me recordabas que la palabra "siempre" es un sí que no acaba

Te dije que superabas a la música, a la jodida única cosa del mundo que me mantenía
pero tú me ponías 'Flume' y después me dedicabas mi primera canción de The Smith

Te dije que siempre nos quedaría París, que era una bonita ciudad para incendiar
pero tú querías ahogarte en ella, como en un océano donde no es bien recibido el fuego

Te dije que eras como Nirvana, y que me quitabas la cordura de los viernes
pero tú venías el domingo y aún así tenía ganas de ti los lunes

Te dije que mi cama tenía la condición de ver todas las películas que quepan en una luna
pero tú aceptabas sin rechistar, si el precio era follar al primer sol

Te dije que estaba completa y absolutamente enamorado de ti
pero tú me dijiste que estabas enamorada de todo lo que yo no dejaba ver.

jueves, 6 de febrero de 2014

Dos y cincuenta y ocho de la madrugada del viernes.

Cerrar los ojos lo suficientemente fuerte para no hacerse daño, y soñar lo suficientemente bajo para que nadie pueda oírlo. Vidas retratadas que admirar. Halagos que no creer, errores que hacer tuyos. Momentos que necesitas olvidar. Recordar que dolía. Querer el don del tierra-trágame, y sentirte más pájaro que persona.
Pájaro que vuela para perderse, para no pertenecer. Para formar parte de un cielo que no existe, que se avergüenza a las putas siete y ventitrés de la tarde, y que muestra la verdadera realidad, lo oscuro, la nada.
Ser la catástrofe personificada, y no buscarle importancia. Ser pesado sin hablar. Ser alto sin crecer. Decirle a tu alma que la quieres, y que odies el resto. Jugar a no llorar por las noches, autoregalándote chocolate con cada victoria. Evitar la batalla que nunca vas a ganar. Huir de lo que te haga sentir vivo, para no morir después de que eso acabe. Escribir con los ojos cerrados, escupiendo palabras (como ahora), buscando no buscar, encontrando nada, y recogiendo lo que no he sembrado. 
Admirar el arte, y no tener nada de él en sangre. Ser el plato roto de la vajilla que esculpieron una vez, cuando todo era diferente. Ser algo distinto, y algo curioso, igual que el resto.
Sentir que estás en un presente que no te pertenece, entenderlo al pensar en tu pasado, y no plantearse un futuro por miedo a que sea el futuro el que la tome contigo. Ser un puto anormal, y agachar la cabeza al hablar.
Gritar que quieres un lugar en el mundo y que te conteste tu propio eco, diciéndote que eso no es para ti, que es para otras personas. 
Y luchar por conseguirlo. Y luchar. Y luchar.
¿Para qué?
Ni lo sé aún.
smoking guns.

sábado, 1 de febrero de 2014

'a veces borde, a veces asustado'.

Palabras creando caminos que acaban donde empezaron. Que no son nada, pero que le sirven a alguien como yo a andar con los pies, y no con la mente.
Yo pensaba que era algo más que la mala hostia de las noches, y algo más que las pocas ganas de completar días a la hora del despertador. Mentiría si dijera que siempre he querido ser yo, y mentiría aún más si dijera que puedo evitar serlo.
Que alguien 'a veces borde, a veces asustado' no se hace por amor al arte. Aunque no haya otra cosa entre la vena y la piel.
Tú insistías en correr, ir rápido, follar casi sin saber describirme, y no describirme para evitar tener que aclararte después. Te gustaba mi forma de mover la mirada, aparentemente despreocupada, y mi forma de callarme para evitar que te fueras tan rápido como tus intenciones.
Yo en cambio, prefería irme solo a la planta de arriba, para poder buscar la luna, deseando todas las noches que se bañara de rojo, como lo hace a veces. Mirando el calendario y olvidando que no es agosto, y que no no va a ver lluvia de estrellas. Y a veces miraba a la derecha, por si te da por aparecer, pero te escondes como ellas.
Quizá no es lo que me merezco, o quizá sí. Quizá estar solo ahora mismo me quiera decir algo, como que alguien 'a veces borde, a veces asustado' va a ser un inconveniente, un final y principio de camino a la vez. Y que solo una persona con las mismas ansias de no levantarse de la cama, con las mismas ganas de representar en un folio y con una cámara lo que no se atreve a decir, alguien con mirada perdida que busca noches de agosto pueda verme 'a veces borde, a veces asustado' y aún así, parecerle la persona indicada. Y que no busque más. Nunca.
Y que me quiera.
Me quiera.