Palabras creando caminos que acaban donde empezaron. Que no son nada, pero que le sirven a alguien como yo a andar con los pies, y no con la mente.
Yo pensaba que era algo más que la mala hostia de las noches, y algo más que las pocas ganas de completar días a la hora del despertador. Mentiría si dijera que siempre he querido ser yo, y mentiría aún más si dijera que puedo evitar serlo.
Que alguien 'a veces borde, a veces asustado' no se hace por amor al arte. Aunque no haya otra cosa entre la vena y la piel.
Tú insistías en correr, ir rápido, follar casi sin saber describirme, y no describirme para evitar tener que aclararte después. Te gustaba mi forma de mover la mirada, aparentemente despreocupada, y mi forma de callarme para evitar que te fueras tan rápido como tus intenciones.
Yo en cambio, prefería irme solo a la planta de arriba, para poder buscar la luna, deseando todas las noches que se bañara de rojo, como lo hace a veces. Mirando el calendario y olvidando que no es agosto, y que no no va a ver lluvia de estrellas. Y a veces miraba a la derecha, por si te da por aparecer, pero te escondes como ellas.
Quizá no es lo que me merezco, o quizá sí. Quizá estar solo ahora mismo me quiera decir algo, como que alguien 'a veces borde, a veces asustado' va a ser un inconveniente, un final y principio de camino a la vez. Y que solo una persona con las mismas ansias de no levantarse de la cama, con las mismas ganas de representar en un folio y con una cámara lo que no se atreve a decir, alguien con mirada perdida que busca noches de agosto pueda verme 'a veces borde, a veces asustado' y aún así, parecerle la persona indicada. Y que no busque más. Nunca.
Y que me quiera.
Me quiera.

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